martes, 16 de agosto de 2011

Mercado de trabajo y pobreza -Jóvenes-

[1]MERCADO DE TRABAJO Y POBREZA EN LAS JÓVENES
Carmen R. Ponce Meléndez
NUMERALÍA
*      Los jóvenes de 15 a 29 años representan la cuarta parte de la población del país.
*      Cuatro de cada diez mujeres  del país están entre 12 y 29 años.
*      Seis de cada diez mujeres desempleadas son jóvenes (entre doce y veintinueve años)
*      43.1% del desempleo femenino se ubica en el grupo etario de 15-24 años
*      A nivel nacional la relación de dependencia es de 62.3 (número de personas en edades dependientes por cada 100 personas en edades productivas), lo que permite tener una dimensión del impacto que tiene el desempleo.  
*      La emigración internacional femenina representa el 33.6 por ciento del total, de cada cien emigrantes 33 son mujeres.
*      De cada 10 emigrantes internacionales 5.7 están en el rango de 15-29 años.
*      Cuatro de cada diez mujeres emigrantes están en el rango de edad de 15 a 24 años. Jalisco, Michoacán, Estado de México y Puebla son los Estados con mayor emigración femenina
*      Informalidad. Según datos de Coneval de cada diez trabajadores y trabajadoras seis no cuentan con seguridad social, 27. 8 millones de personas ocupadas.
En el ámbito rural 8 y en urbano 5 de cada 10, donde viven más jóvenes, es decir 21.4 millones de personas (rural) y 46.9 millones (urbano). La población menor de 18 años con carencia por acceso a la Seguridad Social es de 25.4 millones –por cada diez, 6.4-; el total de población en este rango de edad es de 39.2 millones de los cuales prácticamente la mitad son mujeres (49.4 por ciento).
*      La tasa de ocupación en el sector informal más alta se registra en las mujeres de 14 a 19 años (32.64), esta cifra es más alta que la nacional; en las mujeres de 20 a 29 años la tasa es de 21.17 (datos de Inegi, cuatro trimestre 2010).
A nivel nacional durante el segundo trimestre de 2011 esta tasa es de 28.9 puntos y la cifra de personas en la informalidad es de 13 millones 400 mil personas, 75 mil más respecto al mismo trimestre de 2010 (cifras de ENOE-INEGI).
El desempleo abarco a 2 millones 600 mil personas, de nuevo la TDA femenina fue de 5.51, superior a la masculina y a la nacional.
*      Brecha salarial. En la industria manufacturera de exportación (mano de obra femenina joven), la diferencia salarial entre hombres y mujeres en igualdad de condiciones laborales es del 27 por ciento (Flor Brown y Lilia Domínguez, 2010).
*      En América Latina por cada 100 hombres desempleados hay 114 mujeres (CEPAL).
*      Estrategia para combatir la desigualdad en el mercado de trabajo: reforzar la sindicalización y promover la inserción laboral de mujeres jóvenes (CEPAL).
*      Derechos sexuales y reproductivos. La principal causa de muerte en las mujeres de 15 a 29 años es: causas obstétricas directas (complicaciones obstétricas del estado de gestión).
*      Marco Jurídico. En su Artículo 123 la Constitución establece:
Fracción III. “queda prohibida la utilización del trabajo de los menores de catorce años. Los mayores de esta edad y menores de dieciséis tendrán como jornada máxima la de seis horas”.
Fracción VII. “Para trabajo igual debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo, ni nacionalidad”.

Durante 2005-2010 en el grupo etario de 14 a 19 años la Tasa de Desempleo Abierto (TDA) de las jóvenes fue superior a la masculina (en ese mismo rango de edad), también supera a la tasa nacional femenina de desempleo y por supuesto a la masculina.
Para el período referido la tasa de crecimiento medio anual (TMCA) del desempleo femenino fue  muy alta del 5.3, y en 2010 la TDA fue de 10.5, cifra superior al desempleo de Estados Unidos, donde cuentan entre otras cosas con seguro de desempleo  (cifras de Inegi).
Pero lo más grave es que existan jóvenes desempleadas y desempleados en ese rango de edad, deberían estar en las estadísticas del Inegi como “población no económicamente activa (PNEA)”, es decir como población no disponible para el mercado de trabajo porque están dedicados a  estudiar.
Según Inegi se considera población económicamente activa (PEA): En términos de mercado laboral, pertenecer a la Población Económicamente Activa (PEA) significa formar parte del grupo de proveedores u oferentes de servicios laborales, algunos de los cuales han logrado que sus servicios sean utilizados (ocupados) mientras que otros buscan que lo sean (desocupados); es decir, algunos han encontrado quien demande sus servicios mientras que los otros no, aún cuando —y esto es fundamental— todavía los siguen ofreciendo.
¿Cómo es posible que estas jóvenes de 14 a 19 años ya están en la categoría de desempleas y formen parte de las estadísticas de PEA, es decir estén ofreciendo sus servicios laborales?.
Las políticas educativas son esenciales para retener a las y los jóvenes y que no ejerzan mayor presión en el mercado de trabajo, pero sobre todo para que se capitalicen, la educación no solo da herramientas para el mercado de trabajo, es parte sustantiva del desarrollo humano.
Por lo consiguiente,  es estratégico que las instituciones públicas de educación del país cuenten con suficientes recursos para atender la demanda en educación media y media superior; en materia de política laboral los empleadores responderán a una promoción de “empleos para jóvenes” con estímulos fiscales o de cualquier otra índole.
Sin duda hay dos factores que limitan el acceso de los y las jóvenes al mercado de trabajo:
1.    El altísimo nivel de informalidad, ya que las y los trabajadores adultos no tienen ninguna posibilidad de jubilarse y dejar esas “vacantes” para la mano de obra joven, en el caso de la población joven implica una alta rotación laboral.
2.    Lo precario de las jubilaciones y la extensión de la edad para jubilarse conducen a que la jubilación no resulte atractiva y los adultos permanezcan en sus empleos.
Es indispensable, urgente,  que el Estado retome su papel en la rectoría económica y defina una política de empleo digno para los y las jóvenes del país.

México, D.F., agosto 2011
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[1] Tasa de ocupación en el sector informal: Porcentaje de la población ocupada, que trabaja para una unidad económica que opera a partir de los recursos del hogar, pero sin constituirse como empresa, de modo que la actividad no tiene una situación identificable e independiente de ese hogar. La manera operativa de establecer esto es que la actividad no lleva una contabilidad bajo las convenciones que permiten que sea auditada.. INEGI
12/08/2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Otro de los derechos que se escamotea a las mujeres


Rozando el orgasmo femenino
 
 
por María Teresa Priego
“Entre el hombre y la mujer, ca ne vas pas”, dijo Lacan. “La relación sexual no existe”, afirmó intentando nombrar el malentendido y el desencuentro entre un hombre y una mujer. La diferencia. Que se vaya a la mierda Lacan. La mera verdad. Nos basta, y ya es grandioso, con la transgresión momentánea. La distancia entre uno y otro es, en principio, la condición del deseo. El reconocimiento de los límites. “Tú eres tú y yo soy yo”. Lacan es el más equivocado de todos. ¿Y si no fuera así? ¿Qué hacemos con nuestro indescifrable malentendido?

REALIDADES DES-CARNADAS Según el Instituto Mexicano de Sexología, “las mujeres anorgásmicas constituyen un número importante en la consulta a ginecólogos. Molestias pélvicas o de espaldas, vagas e imprecisas, se diagnostican como neuróticas, se les prescriben tranquilizantes, muchas terminan acudiendo a consultorios psiquiátricos por depresiones graves. En México se encuentran datos aislados que permiten inferir que en mujeres de nivel socioeconómico y escolaridad bajos, el índice (de anorgasmia) está por arriba del 80%. Se puede decir sin temor a equivocarse que la anorgasmia femenina en México se presenta entre 40% y 45% de las mujeres”.
Cabría aclarar que una mujer que experimenta orgasmos ocasionales no es considerada anorgásmica. ¿Por qué una mujer no experimentaría un orgasmo cada vez? ¿No es el orgasmo una promesa inseparable de la relación sexual deseada? ¿Por qué la anorgasmia masculina masiva sería un escándalo desestabilizador de naciones y la anorgasmia femenina en cambio es una oscura, oculta, acallada fatalidad? La historia del orgasmo femenino, es la historia de la iniquidad colosal. Justo ahí, donde amamos. ¿Cómo nos la hemos ingeniado para hacer dificultoso, laborioso, imposible, lo que podría ser tan simple? ¿Cómo construimos con siglos de palabras el dique que reprime la intensidad femenina? Es un hecho, la palabra puta ha creado más anorgasmias que la clitoridectomía.
EL EROTISMO FEMENINO Las mujeres somos “lentas”. Esa es una diferencia sexual reconocida. Nos sobran razones para serlo. La sensualidad femenina es gratuita, innecesaria para la concepción, eminentemente viciosa. Nuestro orgasmo no es reproductivo, estalla en el cuerpo. La sensualidad femenina, entonces, sucede en el inquietante espacio del “más allá” de lo indispensable. Marca en su “lentitud”, el territorio de un erotismo disruptivo. El orgasmo femenino es el exceso de un exceso, la realización evidente del fornicio. ¿Dónde colocar el desafío de lo distinto? En los extremos. En la madre y la puta, en la santa y la endemoniada, en la frigidez y los excesos sobrenaturales de las brujas. “¿Cuántos penes tiene el diablo?”, preguntaba el inquisidor -compulsivamente- a la “poseída”. ¿Qué estaría preguntando ese señor? Fantasmagorías. ¿Cuántos penes se necesitan para convertir a una mujer en una “poseída” que habla en lenguas? “Uno”, respondería una mujer. “El tuyo”.
¿Dónde termina ese deseo tuyo que fisiológicamente parece que no termina? “En tu abrazo”. Es muy probable que éstas fueran sus respuestas. Pero quizá lo que ha convertido a la sensualidad femenina-masculina en un desencuentro cultural mayor, plagado de malentendidos, es que con demasiada frecuencia las preguntas masculinas que aparentemente nos interrogan, no nos están dirigidas.
Nos concierne la necesidad de avanzar, lentamente, de la discontinuidad, a la fusión.
INDISPENSABLE O ACCESORIO Si consideramos que la sexualidad heterosexual era concebida únicamente como instrumento para la procreación, nos deslizamos hacia la pregunta fundamental en lo que se refiere al orgasmo femenino y a su “legitimidad” o “ilegitimidad”, según los discursos y las épocas. La eyaculación es indisociable de la reproducción. Su valor no se cuestiona. ¿Y el orgasmo femenino? Según Galeno (s. II d.C.), durante la relación sexual, la mujer “emite una semilla”, la mezcla de ambas semillas emitidas -de preferencia- simultáneamente, produce el embrión. El orgasmo femenino, entonces, era indispensable. Galeno señaló el nerviosismo, producto de la feminidad insatisfecha: un exceso de “semilla” lanzaba al útero en peregrinación por el cuerpo. Se regresaba al útero a su posición original a través del orgasmo. Galeno describió el masaje clitoridiano, que llevaba a la expulsión orgásmica del “exceso de fluidos”. La her-story lo contempla, agradecida.
En su Tratado de ginecología, Soranus (s. II d.C.) aseguraba que el orgasmo femenino no era indispensable para la concepción; es más, ni siquiera el deseo femenino era necesario: “Las mujeres violadas también quedan encintas”. Antes que ellos, Aristóteles afirmó que la mujer se embaraza por la “semilla” masculina que la eyaculación hace entrar en su cuerpo, y se mezcla al torrente menstrual acumulado en el útero y que la fermentación produce el embrión. “Sucede que los dos sexos obtengan su objetivo simultáneamente y, de todas maneras, la mujer no se embarace”. Pero La Legum Allegoriae murmuró: “Sin placer, nada de naturaleza mortal alcanza la vida”.
“PREGÚNTENLE A LOS POETAS”, DIJO FREUD El poeta Lucrecio (s. I a.C.) fue expedito: “No les son necesarios a las esposas los movimientos lascivos, pues ella misma se estorba e impide la concepción. Si retozona aviva con el movimiento de las nalgas el placer del marido y, removiendo su cuerpo, hace brotar su semen... desvía del blanco el chorro del semen. Las putas son las que por su propio interés realizan estos movimientos... para no quedar embarazadas, y al mismo tiempo para que el placer del coito les resulte a los hombres más intenso; lo cual no parece en modo alguno que sea necesario a nuestras esposas”. No, la verdad, en modo alguno, qué desfiguro.
LOS TEÓLOGOS Y EL ORGASMO Lo discutieron. ¿Debe un hombre prolongar la relación sexual hasta que su mujer tenga un orgasmo? Según narra Flandrin en su libro Sexo y Occidente, cuatro de los teólogos involucrados lo exigieron, la mayoría estimó que no se trataba de agotarse, pero en el caso de que un marido insistiera en su loco afán, la iglesia católica carecía de razones para prohibirlo.
¿La simultaneidad orgásmica influye en la perfección embrionaria? Seis teólogos aceptaron responder. Sí, y la persona más lenta de la pareja debía alentar a la otra.
¿En el caso de que la mujer no haya tenido orgasmo, puede estimularse o ser estimulada manualmente? De diecisiete teólogos, catorce lo permitían y tres no, considerando los primeros que podía resultar en beneficio del embrión, aun postcoitum. No puedo evitarme citar el comentario delicioso y justiciero de Flandrin, quien no se explica cómo, si los padres de la Iglesia consideraban el orgasmo femenino como indispensable para la concepción, y si sabían, a través de los confesionarios, que con frecuencia no se daba, ¿por qué no prohibieron el acto sexual sin orgasmo femenino por “no reproductivo”? Por esta razón condenaron el coitus interruptus, la masturbación y la homosexualidad masculinas. “En todo caso, nadie calificaba de ‘actos incompletos, privados de toda virtud procreadora, y por lo tanto, crímenes contra natura’, los encuentros sexuales donde sólo el hombre obtenía placer”.
En el siglo XVI, durante las disecciones publicas, se confirmó que la vagina era un pene hacia adentro y el útero unos testículos escondidos. No existía aún un nombre diferenciado para los órganos sexuales femeninos. Lemnius (1557): “Aun si el semen femenino no tuviera otro propósito que el de excitar a una mujer hacia el placer sin el vehemente deseo y apetito para la unión carnal, ni el hombre ni la mujer seguirían el mandato de multiplicarse”.
En 1559 Colombus “descubrió” el clítoris, “preeminentemente, el sitio del placer femenino. Si frotas el clítoris vigorosamente con el pene, o lo tocas con el dedo, semen más suave que el aire vuela, a cuenta del placer femenino, y aun contra la voluntad de la mujer”. Fallopius insistió en que el verdadero “descubridor” del clítoris era él.
Su nombre se fue a las trompas. “Ya se sabía que las mujeres tenían ‘un pene invertido’, la vagina, ¿tenían otro más pequeño? Sin esta protuberancia que he descrito, las mujeres no experimentarían placer en los abrazos venéreos”. Hubo quien les respondió que la existencia del clítoris como uno de los centros del erotismo femenino era rotunda desde el siglo II.
La imprenta divulgó las palabras de las mujeres. Las parteras comenzaron a escribir manuales de reproducción y partería describiendo los placeres femeninos, y ofreciendo consejas, para un “orgasmo exitoso”. Al fin hablaban ellas.
LAS POSEÍDAS La beata Marina de San Miguel padecía visiones. Sufría “una tentación sensual de la carne, la cual la obligaba a contactos deshonestos con sus propias manos en las partes vergonzosas, diciendo palabras deshonestas provocativas a lujuria”. Ella confesó a la Inquisición su amistad con otra beata: “de hordinario cuando se vian se besaban y abracavan y esta... le metia las manos en los pechos, y vino esta en polucion diez o doze veces las dos dellas en la Iglesia”. A los archivos de la Inquisición le debemos algunos de los tan escasos testimonios explícitos de orgasmos femeninos.
EL “RAPTO” MÍSTICO Tan excesivas en su expresión como las endemoniadas fueron las grandes místicas. Las convulsiones se llamaron “éxtasis”, “raptus”, “dilatatio”. Santa Teresa atravesaba distintos pasos en el éxtasis hasta alcanzar “la séptima morada” de la “unión transformante”, con la experiencia de “la pérdida de sí y de la unión”. “El alma... no puede ni avanzar ni recular. Diríamos una persona, que sosteniendo en las manos el cirio bendito, está cercana a morir de su muerte deseada”.
Elisabeth de Schönau padecía ataques místico-epilépticos y desmayos con pérdida de conciencia varias veces al día.
Santa Angeles fue descrita así por su adorador: “El deleite del espíritu santo transformaba su carne en fuego, vi sus ojos ardientes como la lámpara del altar, vi su figura parecerse a una rosa púrpura”. Para asimilar la contundencia orgásmica del “rapto místico”, basta mirar “la transverberación de Santa Teresa” y la de “la beata Ludovica Albertone”, grandes ejemplos del arte erótico.
Foucault ubica en el siglo XVII el momento de “La gran confiscación de la ética sexual por la moral familiar”.
Gouge escribió en Domestical duties: “La esposa es allí (en la sensualidad) sirvienta al igual que señora; sirvienta para entregar su cuerpo, señora para tener el mismo poder que él”. Las parteras continuaban escribiendo el elogio de la mujer orgásmica: “El clítoris hace mujeres deseantes y ofrece el placer en la copulación”.
Los médicos comenzaban a preguntarse seriamente si la mujer podía ovular independientemente de la relación sexual. Todavía en 1740, cuando María Teresa de Austria no se embarazaba, recibió un consejo su médico: “Pienso que la vulva de su muy Holy Majesty, debería ser frotada antes del coito”. Para fines del siglo XVIII el valor del orgasmo femenino iba en picada. Los órganos femeninos tuvieron un nombre. Laqueur aseguraba: “La nueva relación entre generación y placer sexual, la posibilidad de una mujer sin pasiones tiene sus orígenes a finales del siglo XVIII”.
DE LA ANORGASMIA UN MONUMENTO Lord Acton lo puso así en el siglo XIX: “Por suerte para la sociedad, la idea según la cual las mujeres poseen sensaciones sexuales puede rechazarse como una vil calumnia”. Se sabía ya que la ovulación es espontánea y que el orgasmo femenino no es reproductivo. El orgasmo se evaporó, con la llegada del modelo femenino: “El hada del hogar”. “Una mujer rara vez desea satisfacción sexual para sí misma. Se somete a los abrazos de su marido, para satisfacerlo a él. Muchas de las mejores madres, esposas y amas de casa saben muy poco de apetencia sexual. El amor al hogar, a los hijos y los deberes domésticos, son las únicas pasiones que sienten”. Este Lord Acton se las traía. Se trataba de reposar al guerrero, no de agotarlo.
El médico francés Auguste Debay (s. XIX) escribió: “¡Someteos a las necesidades de vuestro esposo, obligaos a satisfacerlo, fingid y simulad el espasmo de placer; este engaño inocente es lícito cuando se trata de no perder a un marido”. No deja de ser fascinante que el conflicto de “fingir un orgasmo” se redujera a la “inocencia” o “culposidad” del engaño. Otra de las razones por las cuales las mujeres debían fingir el orgasmo, expresó Debay, “es porque a los hombres les gusta compartir su felicidad”. ¡Qué lindo! Algunos médicos, como Edgard Foote (s. XIX), insistían: “el clítoris y el tejido eréctil de la vagina” eran las zonas que “inducían a la excitación sexual y producían el orgasmo en las mujeres”.
Es el momento de la célebre frase victoriana: “La prostituta es la guardiana de la virtud”.
EL PAROXISMO HISTÉRICO Foucault culpa al siglo XIX de haber “histerizado y psiquiatrizado” el cuerpo de la mujer. La enfermedad como sustituto de la sensualidad, según las observaciones de Charcot en las histéricas de la Salpetriere. También ellas estaban poseídas por el demonio del “mal de nervios”.
El psiquiatra Jean Philippe Cotonné encontró en su investigación que en el siglo XIX se practicaba la cauterización clitoridiana en Occidente, principalmente en Estados Unidos. A las mujeres había que sanarlas.
En 1904 el Chattanooga era la más avanzada tecnología en la curación de los “desordenes nerviosos” propios a las mujeres. El “tratamiento” se ofrecía en un consultorio, el vibrador era operado por el doctor o una partera.
Chattanooga time, Madam. Ella no era una gozadora, sino una mujer sufriente. Los vibradores y antes que ellos los masajes manuales clitoridianos, constituían la única manera -increíblemente barroca- de llegar al orgasmo para muchas mujeres. ¿Por qué no se hacían una paja? ¿Cómo adopta una mujer ese síndrome de la Venus de Milo? El autoerotismo la hacía correr graves riesgos: aceptar la existencia de su sensualidad y su deseo, desarrollar el síntoma del “rechazo marital”. La Venus alguna vez tuvo brazos y manos. Se los mutilaron los avatares de la historia.
En 1880, un médico inglés inventó el vibrador electromecánico. El contacto entre los dedos del médico y la paciente ya no era indispensable, las vibraciones sustituían la escasez de talento, el tiempo comprendido entre el inicio de los masajes y el logro del “paroxismo histérico” se reducía considerablemente (de una hora a diez minutos). Los médicos constataban con estupor que este proceso producía en la paciente “lubricación vaginal”. En 1905 aparecieron los modelos portátiles. Sears publicitaba el suyo en una página de deliciosa domesticidad: “Ayudas que toda mujer aprecia”. Posa el vibrador junto a la máquina de coser, el ventilador, un foco y algo parecido a una licuadora.
Un vibrador costaba lo mismo que cuatro o cinco visitas al médico. Treinta mil vibraciones por minuto en un clítoris de ocho mil terminaciones nerviosas. No era cuestión -ni es- de portarse desdeñosas. Ni los masajes, ni los vibradores poseían un carácter abiertamente sexual. La denegación llega a ser un arte en lo que se refiere a la sexualidad de las mujeres. El uso del speculum para las revisiones ginecológicas provocó bastante más ronchas que el vibrador. Implicaba una penetración.
Maine, cita a Alexander Lowen, quien en 1965 escribió acerca de su experiencia médica: “La mayoría de los hombres sienten que llevar a una mujer al orgasmo a través de la estimulación clitoridiana es aburridísimo. El coito se retrasa. Esto impone una restricción a su deseo masculino natural de cercanía, si lo hace durante el coito el hombre se distrae de la percepción de sus sensaciones genitales, acariciar a una mujer después de él haber tenido un orgasmo tampoco funcionaría, ya que le impide disfrutar de la paz y la relajación que son el premio a la sexualidad...”. O sea Life is difficult.
CLITORIDIANA Y/O VAGINAL Freud nos heredó la oposición entre sexualidad clitoridiana-inmadura y sexualidad vaginal-madura. Entre el clítoris como zona sexual predominante en una etapa “masculina” del desarrollo sexual femenino, y la posterior erotización de la vagina, como centro de la actividad sexual “específicamente femenina”. No sumándose al clítoris, sino desplazándolo. Lo que Jane Gerhard lamó “la patologización del clítoris”: “El clítoris se convirtió en el amante descartado en este drama sexual de la adultez femenina sana”. ¿Cómo podría ser “masculino” un órgano inserto en el cuerpo femenino, y del que los hombres carecen? Misterio.
Con respecto a la supuesta inexistencia vaginal de los primeros años, ¿por qué supondríamos que una niña no sabe desde muy pequeña que hay un “algo” entre sus muslos? Sus sensaciones se lo recuerdan. No es indispensable un manual de anatomía. La explicación clítoris-masculinidad, vagina-feminidad de Freud, no es distinta a la que se utiliza en veintiocho países para justificar la clitoridectomía. El prepucio es femenino, el clítoris es femenino.
Se extirpan. Como si fueran equivalentes.
La clitoridectomía es una “iniciación” a la feminidad. En 1947 Farnham y Lundberg publicaron La mujer moderna: el sexo perdido. En ese texto afirmaron: “Para el hombre, el sexo involucra un objeto de su hechura, pero para la mujer no. Su rol es pasivo. No es tan fácil como traer un leño.
Es tan fácil como ser el leño mismo”. En esos contextos de “leños” y “estopas” desembarcó Kinsey en 1953. Loado sea. El instituto Kinsey hizo un estudio entre ochocientas mujeres, estimulando dieciséis puntos, entre ellos el clítoris, el revestimiento de la vagina, el cuello del útero. El 98% de las entrevistadas eran sensibles, sobre todo, al orgasmo clitoridiano. Concluyeron: extrema sensibilidad clitoridiana, supuesta insensibilidad vaginal. De nuevo excluyentes. Después llegaron Master y Johnson con Human sexual response en 1966 y más tarde Los informes Hite.
DE LA BELLA INDIFERENCIA A LA BELLA LOCA Existe, dicen, un lugar en la parte anterior de la vagina, extremadamente sensible a la presión fuerte: el punto de Gräfenberg. Ese punto es capaz de producir el orgasmo y la eyaculación femeninas. La Ellaculación, para no confundirnos. Una emisión abundante de líquidos.
Aristóteles fue el primero en describirla. En todo caso, la intensidad “mística” del Punto G no falla, según las palabras de las hasta ahora confesas.
En 1971 se supo, por la investigación de Burton, que las monas rhesus eran llevadas al orgasmo en laboratorio con la estimulación del clítoris y la vagina con un pene artificial. El artículo “El mito del orgasmo vaginal” de Anne Koedt (1968) se convirtió en un clásico (excesivo) de la literatura feminista. El clítoris como metáfora de la autonomía femenina.
La muchacha de los senos desnudos en la foto tomada en Avándaro tenía ya en sus manos el afrodisíaco más rotundo de la historia de la sexualidad femenina: la anticoncepción con muy altos niveles de eficacia. Su libertad de elegir. Parecía “ganada” la revolución sexual, que aún comienza. ¿45% de las mujeres mexicanas padecen anorgasmia? La iniquidad ante el placer. ¿Por qué justo ahí, donde amamos? n

martes, 9 de agosto de 2011

DESEMPLEO EN LAS JÓVENES: ¿POR QUÉ EMIGRAN LAS MEXICANAS?
Carmen R. Ponce Meléndez

El desempleo femenino del país se compone fundamentalmente de jóvenes, mas de la mitad  (62.3 por ciento), sesis de cada diez mujeres desempleadas son jóvenes –entre doce y veintinueve años-, el punto más álgido se ubica en el grupo etario de  20-24 años .Cifras del Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, INEGI.
Cuatro de cada diez mujeres tienen entre 12 y 29 años,  41.8 por ciento de la población femenina del país se encuentra en esos rangos de edad; cotidianamente  enfrentan violencia económica, social, laboral o familiar y forman parte de la línea de pobreza.
Al analizar este desempleo femenino en el ámbito regional se encuentra que nueve Estados son los más representativos porque concentran 57.2 por ciento de la desocupación femenina y el 54.3 por ciento del que se genera en ese grupo de edades; su nivel de desempleo se compone esencialmente de mujeres jóvenes y niñas, en promedio  este tipo de desempleo representa  62.2 por ciento.
Los casos más representativos corresponden a Nuevo León y Guanajuato (67.5 y 67.1 puntos porcentuales, respectivamente) y el puntaje más bajo está en el Distrito Federal.
El caso de Guanajuato está muy asociado a la industria del cuero y del calzado donde es frecuente el trabajo a domicilio, así como a la maquila que ha sufrido los efectos de la crisis y que emplea mano de obra femenina.. En ambas entidades el mayor desempleo se ubica en el grupo etario de 20 a 24 años, como en la tendencia nacional.
Excepto el Distrito Federal cuya actividad principal son los Servicios en las demás entidades es significativa la presencia de la industria maquiladora de exportación, que sigue siendo una fuente de empleo femenino muy importante y que está ligada a la crisis internacional..
Posiblemente una de las explicaciones sobre el bajo índice de trabajo -en este caso de desocupación-, en las niñas de 12 a 14 tiene que ver con el hecho de que son Estados cuya actividad principal no es la agricultura donde lo “normal” es el trabajo infantil. Pero con esa misma consideración en términos relativos es muy grave que se registre 1 por ciento de trabajo infantil femenino.
De acuerdo a estas cifras podría concluirse que resolviendo en términos cuantitativos el desempleo de las jóvenes en estas nueve entidades se solucionaría más de la mitad del problema de desempleo en mujeres. Sin contar con que el impacto sociocultural se multiplicaría.
Pero hay otro enfoque más constructivo, conservar por mayor tiempo en la vida escolar a las jóvenes y niñas, retrasando su ingreso al mercado laboral y que cuando éste se realice cuenten con más herramientas, se capitalicen física y emocionalmente.
Claro que eso conlleva niveles de salario dignos para trabajadoras y trabajadores y una menor concentración del ingreso, actualmente el índice Gini que mide la desigualdad es de 51.0, mientras más lejos esté del cero mayor es la desigualdad. El problema es de pobreza y desigualdad, ampliamente feminizada.
Obviamente las jóvenes que se emplean en el mercado laboral sin contar con preparación técnica o académica tienen empleos  precarios, esto se debe en buena medida a que la mayoría de éstos se generan en micronegocios o Pymes, trabajo poco calificado y en la informalidad.
El empleo o desempleo en las niñas de 12 a 14 años debe analizarse en forma especial, como trabajo infantil. Especialmente si en las estadísticas aparece el rango de 12 a 14 años como desempleo.
En la revisión que se hizo de este fenómeno en los Estados más representativos por su nivel de desocupación femenina, se encontró que el porcentaje más amplio lo tienen Chihuahua, Estado de México  y Guanajuato con 32, 20 y 12  por ciento, respectivamente.
Quizás aquí la única sorpresa sea Guanajuato, porque en el caso de las otras dos entidades es ampliamente conocida su problemática socioeconómica, particularmente para las mujeres. Chihuahua tiene la cifra más alta de mortalidad infantil en la edad de 0 a 4 años y los índices de violencia y feminicidio más altos.
La legislación laboral mexicana y la propia Constitución en su Artículo 123, apartado “A”, fracción III,  estable que es permitido laboral a los mayores de catorce años y que los menores de dieciséis años tendrán una jornada máxima de seis horas. Por su parte la Ley Federal del Trabajo recoge este precepto Constitucional en sus artículos: 5, 22, 173, 174, 175, 176, 177, 178, 179, 180, 191, 267, 541, 988 y 995.
Es importante resaltar que México no suscribió el Convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Este Convenio establece como edad mínima de admisión en el empleo la que no deberá ser inferior a la que cesa la obligación escolar o en su caso 15 años; este Convenio incluye a todos los países de América Latina y el Caribe, excepto México.
Tanto OIT como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe  (Cepal), consideran como trabajo infantil de 0 a 17 años, de tal forma que este desempleo femenino de México  que va del rango de 12 a 17 años bien podría considerarse como parte del trabajo infantil, porque lo más grave es que ya trascendieron a la categoría de “desempleadas.
La violación de la Constitución y de la Ley Federal del Trabajo en materia de trabajo infantil es recurrente. Cuatro de cada diez niños de 0 a 17 años están en condiciones de pobreza, porque son insuficientes los ingresos en sus hogares.
Es muy extraño, cuando una niña de 16 años tiene un hijo es una madre-niña, pero si esa misma niña tiene una jornada de 12 horas, sin contrato escrito, con un salario de tres o cuatro mil pesos mensuales; sin prestaciones, sin opciones de jubilarse, capacitarse, educarse  o crecer laboralmente, entonces ya es considerada una mujer.
EN MÉXICO, ¿QUÉ SIGNIFICA SER DESEMPLEADA?
No se cuenta con seguro de desempleo, es perder el derecho a la salud y a la educación y muchas veces, perder la dignidad, vivir en la pobreza. Según el Sistema Nacional de Información en Salud son las jóvenes de 15 a 24 años las que carecen de servicios de salud y de seguridad social.
Otra forma de medir el impacto de este fenómeno es a través de la relación de dependencia (RD), este indicador se refiere al número de personas en edades dependientes por cada cien personas en edades productivas. 
De tal manera que si una mujer en edad productiva está empleada, conforme al indicador nacional de relación de dependencia que es de 62.3 por ciento, seis personas dependen de su ingreso y al revés, si pierde su empleo el número de personas afectadas está determinado por ese índice. La relación es directamente proporcional, a mayor relación de dependencia es igual será el número de personas afectadas por el desempleo
Los Estados con los niveles más altos de relación de dependencia son: Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Zacatecas y Guanajuato, los que su índice está por debajo del nacional son: Nuevo León, Distrito Federal y Tamaulipas, entre otros.
Esto permite concluir que el crecimiento del desempleo femenino se ubica en el ámbito urbano, en parte porque en las áreas menos urbanizadas existe un volumen considerable  de trabajo no remunerado para las mujeres, como en las actividades agrícolas, donde el trabajo infantil también es muy amplio y no está remunerado.
Con excepción de Guanajuato este desempleo de jóvenes y niñas no se localiza en Entidades típicamente expulsoras de mano de obra y emigrantes como Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Tampoco son estados eminentemente agrícolas, pero sí lugares con altos niveles de violencia para las mujeres y con ruptura del tejido social, es el caso de Tamaulipas, Chihuahua, Estado de México o Nuevo León.
En buena medida eso explica que aunque las jóvenes están en la cresta del desempleo la emigración internacional todavía no está feminizada, pero esa es la tendencia en el corto plazo sino se aplican medidas correctivas como la generación de empleos dignos; las mujeres tendrán que defender su derecho a NO emigrar.
Resulta interesante observar que las y los inmigrantes mexicanos que trabajan en Estados Unidos provienen de esos Estados donde es más alta la relación de dependencia (RD), por lo consiguiente el efecto que tienen las remesas es más significativo
De acuerdo a cifras del Censo Nacional de Población y Vivienda 2010 la emigración internacional femenina representa el 33.6 por ciento del total, cuatro de cada diez mujeres emigrantes está en el rango de edad de 15 a 24 años, justo la edad en que se concentra el desempleo femenino. 
Diez son las entidades de donde procede esta emigración, concentran el 58.0 por ciento (ver gráfica 4) y en cuanto al desempleo juvenil femenino los que coinciden son: Distrito Federal, México, Chihuahua y Guanajuato.
Los motivos de emigración básicamente son dos: reunión con la familia y económicos (desempleo y precarización del mercado de trabajo, especialmente del salario).
A partir de finales de la década de los noventa las investigaciones del Colegio de la Frontera Norte permitieron establecer el crecimiento de la emigración femenina y que ésta ya no se realizaba exclusivamente para reunirse con la familia, sino fundamentalmente por motivos económicos, actualmente ésta es la razón determinante
El motor fundamental de la emigración es la pobreza, provocada por el desempleo y lo precario de los salarios. En el ámbito rural 8 de cada 10 trabajadores y trabajadoras perciben mensualmente de 0 a 2 salarios mínimos (aproximadamente 299 dólares mensuales).
En el ámbito urbano 5 de cada 10 trabajadores ganan este salario y en el caso de las mujeres son 6 de cada 10 trabajadoras (cifras de la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares 2010, INEGI).
Desde luego que el motivo de reunión familiar continua, pero aún ahí está incluida la búsqueda de empleo y un mejor nivel de vida. En este punto las redes familiares y de “paisanos o paisanas” juegan un rol fundamental.
Es el caso de entidades como Oaxaca, Puebla, Michoacán y Jalisco que muestran una alta emigración femenina.
Las razones por las que a pesar de que el desempleo juvenil femenino es muy amplio y la emigración no corresponde en la misma dimensión son varias. Tienen que ver con los graves riesgos que experimentan las mujeres al emigrar, además  ellas son las que se quedan al cuidado de la casa y los niños, también influyen las ataduras culturales y familiares.
Tratar de explicar la problemática socioeconómica o cultural que viven las jóvenes de hoy en el país requiere de un esfuerzo multidisciplinario, la óptica del empleo/desempleo o la vida económica permiten cierto avance, pero  a todas luces es insuficiente.
Desde una visión amplia la inserción de la mujer en el mercado de trabajo está marcada por la precariedad –discriminación, subordinación, desventaja y desigualdad-, no obstante su amplia participación de más del 40 por ciento en la vida económica nacional, estas condiciones precarias se recrudecen considerablemente en niñas y jóvenes.
La alternativa sigue siendo luchar por políticas públicas con perspectiva de género, en educación y salud para niñas y jóvenes. Para las trabajadoras, derecho al empleo digno que abarque: empleo y salario de calidad; seguridad social; derechos laborales y representación democrática de las trabajadoras.
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